"Ésta es la lista de libros que tendréis que leer para el año que viene", nos decían cada año en el colegio poco antes de Navidad, "podéis aprovechar para pedírselos a los Reyes". Y cuando llegaba a casa, obviamente yo me callaba como una puta la segunda parte. Porque vamos a ver, ¿voy a gastar yo uno de mis regalos de Reyes (que están muy cotizados) en una cosa para el colegio, es decir, en una cosa que mis padres van a tener que comprarme de todos modos después? La pregunta, señores, creo que se respondía por sí sola. Yo disfrutaba de mi regalo extra y un par de semanas después, en plena cuesta de enero, exigía egoístamente a mis padres que soltaran la pasta para unos libros "que me acababan de pedir". Y lo mismo se aplicaba a cualquier otra cosa doméstica/rutinaria que pudiera necesitar un reemplazo: si en los días previos a Navidad se me rompía la mochila, me cargaba algunos calcetines o cosas por el estilo, trataba de ocultar todos estos hechos para evitar que entre mis Reyes se colaran regalos "prácticos", trataba de mantener mis regalos lo más caprichosos e inútiles que fuera posible.
Me ha venido esta semana este recuerdo cuando ha salido una conversación acerca de los regalos, sobre los que (aparentemente) tengo unas opiniones muy vehementes. Yo creo que no es para tanto: acepto y veo como normal que unos padres, unos compañeros de trabajo o alguien con quien tengas poca confianza te regale algo llamésmosle "práctico". Pero luego también hay unas relaciones (pareja, buenos amigos, etcétera, cada uno es un mundo) para los que yo creo que necesariamente hay que currárselo un poco más. Porque si no, se acaba como ese otro fulano al que me encontré una noche de Reyes hace unos años, mientras iba a un OpenCor a comprar un vino. Le estaba comprando a su mujer como regalo de Reyes El código Da Vinci a última hora, sacado de la estantería junto a la caja. Comprar El código Da Vinci a las once de la noche en un OpenCor es exactamente aquello a lo que espero no llegar nunca. Espero poder cumplir y que nadie me tenga que enviar el link a esta entrada dentro de unos meses o de unos años. En plan indirecta.
Ah, y ya que hablamos de regalos, Motörhead el viernes en ese polideportivo de pueblo pomposamente bautizado como Sant Jordi Club. Seas poppie, bakala o amante de la ópera, Naves en llamas afirma: si te gusta la música, no deberías morirte sin ver en directo a Lemmy.
Y aviso: la semana que viene, como cada año por estas fechas, Los 40 principales del año más allá de Orión, esa entrañable fecha en la que a Poliptoton, el sin-criterio, se le acusa al mismo tiempo de popero (?) y de metalero (?????). ¿Saldrá Dover? ¿Habrá sacado disco Slipknot este año? Hagan sus apuestas

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