Lo reconozco: esto del poder democratizador de Internet, el auge de las redes sociales y el aumento exponencial de su poder de convocatoria me está empezando a saturar. Y esto de que cada semana haya que usarlas para lapidar a alguien, también.
Por lo visto, Buenafuente entrevistó el otro día a la ministra Sinde. Y por lo visto no fue una entrevista cañera, no la puso contra las cuerdas ni empezó a sacarle documentos comprometedores. Dicho de otra forma: Buenafuente le hizo la entrevista que le dio la gana, la entrevista que siempre hace a todos sus invitados y la entrevista que es más coherente hacer dentro de un programa de humor sin otro tipo de pretensiones. Pues nada: a los quince segundos, lapidación popular. Servil, lameculos, enemigo de la libertad y del legítimo intercambio de archivos, patético títere del gobierno socialista y bla, bla, bla. Indignados profesionales que, a golpe de ratón (joder, es que es tan fácil que cuesta resistirse) te resuelven el mundo en 140 caracteres.
La misma sensación me despierta la pueril estupidez del Nolesvotes, que últimamente me acecha por todos lados. ¿En serio no tenemos que votar a esos partidos por la Ley Sinde? ¿Eso es lo más importante (perdón: lo único) que ha ocurrido en España en los últimos 4 años? Y la misma sensación tuve la noche de los Goya, cuando estaba leyendo cosas que me daban la sensación de vivir en una realidad paralela rollo Fringe en la que Carolina Bang acumulaba estatuillas y Bigas Luna era director de cine. Un montón de gente indignadísima clamando contra la censura en TVE, el qué vergüenza lo que hacen con mis impuestos y tal y cual, cuando la cadena había dado sobrada cuenta (imágenes, entrevistas a pie de calle, artículos en la web) de que había una protesta a la entrada. ¿Qué más había que hacer: no retransmitir la gala y dar exclusivamente imágenes de la protesta? ¿De verdad me creo más importante que la gente que de realmente es noticia porque sé poner una almohadilla delante de una palabra?
En fin, que cada uno escriba lo que le dé la gana y emplee su tiempo como considere más oportuno. Que yo soy el primero que se parte cuando ve a Sergio Ramos poner sus inquietudes intelectuales por escrito. Sólo digo que me empieza a saturar esa tendencia de "soy moralmente superior porque twitteo cositas" y me parece peligroso cómo a veces saca el tertuliano que todos llevamos dentro. Y no sé vosotros, pero yo intento sacar del armario lo menos posible a los Sopenas y Miralles que habitan en mi interior.





