1. ¿De verdad que nadie más odia a muerte los emoticonos? ¿En serio que parezco tan borde por no añadir a un mensaje que obviamente es de coña un estúpido simbolito que significa "es coña"? No sé, a mí cuando mi interlocutor no me considera retrasado mental me gusta. Es que cada día somos más vagos. Y más susceptibles. Afirmo.
2. Sigo a la búsqueda de mi ídolo laboral definitivo. Esta semana he descartado una profesión: magistrado del Constitucional. Todo el día deliberando, oyes, nada más que deliberar y deliberar. Te ponen delante una cosa medio difícil y te pasas tres años y pico deliberando. Que así no hay quien desconecte al llegar a casa. "¿Cómo te ha ido el día, cariño?" "Fatal, Puri, fatal. Y no me hables, que ya sabes que después de un día deliberando llego sin ganas de nada". Un desastre. 3. Y siguiendo por ahí, aunque sin la menor intención de ir al fondo del asunto (nada más lejos, qué pereza, por los clavos de Cristo), no sé a vosotros, pero a mí un mundo en el que todos los periódicos opinaran lo mismo, no me gustaría mucho. Al contrario, lo vería ciertamente inquietante. Y sospechoso. Pero a lo mejor soy yo.
4. El Nacional de las Letras, para Sánchez Ferlosío. Bien. Apenas tengo un vago recuerdo de haber leído El jarama en mis años de instituto (sí, yo era de esos repelentes que leían más libros de los que entraban y, aún peor, me gustaba Tiempo de silencio, que a ver si os pensáis que el gafapastismo viene de la nada). Supongo que es una señal de que quizá no me marcó demasiado. Pero tengo a este hombre en un altar desde que le escuché decir una de las frases más grandes que jamás he oído: "Nunca se convence a nadie de nada". Sencilla, rotunda, categórica y, lo que es peor, jodidamente cierta.
5. Y todavía no me lo puedo creer, pero me he dado cuenta de que jamás hasta ahora había salido en este blog el nombre de la ínclita Isabel Gemio, la única persona capaz de decirte qué hora es y que incluso eso te suene falso y fingido. Isabel, la dignísima. Isabel, la meliflua. Isabel, la de los abanicos. Isabel, la de "en mi programa no se juega con los sentimientos de la gente". Isabel, la del "yo lo sabía que podía pasar esto, yo lo sabía" mientras un yayo prácticamente se le moría de un infarto en el primer programa de Sorpresa, sorpresa. Ah, Isabel. Cómo celebro que está "persona impresentable" te la haya colado de tal manera (escuchadlo aquí, la web de Onda Cero sigue tan imposible como siempre). Aunque, por supuesto, tú todo lo sospechaste desde el primer momento. Eso no lo duda nadie.
6. Y en el capítulo de dramas cotidianos/sabor de hogar, agradecería que alguien me explicara cómo se puede comer una mandarina sin que los dedos te huelan durante 10 horas. Y lavarse no vale, que lo he probado.







